La llegada, el encuentro

Vistabella del Maestrazgo, Comunidad Valenciana, España 

En Valencia, esperé alrededor de una hora en la estación del tren con todo el peso del jet lag en mi mente y cuerpo. Había tomado un café con leche en el aeropuerto de Madrid, y luego un whisky que me ofrecieron en el trayecto de venida.
Una chica vestida de gala, pasaba promocionando los perfumes de una marca francesa muy conocida, al verme sentado en una de las bancas en la sala de espera, se acercó a enseñarme todo un catálogo, con la diversidad de fragancias de su nueva colección. Antes de irse se creó un almizcle de olores llamativos y penetrantes en una densa atmósfera, inevitable para los transeúntes que pasaban frente a mí aquella noche, al despedirse la chica, me dejó un pequeño frasco con la figura de un reptil tallado en el vidrio... Pero fue tan fuerte la emanación de olores, que no tuve ganas de abrir el perfume, sino hasta tres meses después en Colombia.   

Pasado un par de minutos,, dos hombres vestidos de negro, se acercaron directo a mi sitio, a lo mejor guiados por el olor, e identificándome con mi nombre completo y profesión, me pidieron que los acompañara. Se trataba del artista italiano Andrea Abbantagelo y el valenciano Raúl Julve, ambos vinculados con la organización de la residencia artística. 

Por mi cansancio acumulado del viaje, sentí el trayecto largo. Vistabella del Maestrazgo, la sede del evento, realmente está ubicada a dos horas de camino de Valencia, en una pendiente inclinada a 1.250 msnm. En el vehículo nos acompañaba el artista danes Jonas Rubin, que se unió a las actividades creativas esa misma noche, de quien guardo buenos recuerdos por la honestidad de su trabajo y el cariño que siente por América Latina; con Jonas y mi amiga valenciana Conxi Olid me reuní un mes después en Barcelona, pero eso es un episodio aparte de esta historia.    

Cuando bajamos del automóvil aún conservaba el olor asfixiante de los perfumes, así que respirar el aire de la montaña me cayó muy bien en ese momento, llegamos pasada la media noche, y no había un lugar abierto para tomar café o té caliente. La temperatura estaba cerca de los 0° C, en ese instante me acordé de mi noche en la playa de Taganga, exactamente 48 horas atrás. Subimos al piso donde me alojaría junto al grupo de artistas invitados; el único plan en ese momento era dormir, o intentarlo hasta donde la descompensación horaria del jet lag me lo permitiera (por lo general me toma una o dos semanas ajustarme).   

Las actividades comenzaban muy temprano todas las mañanas. El amanecer en Vistabella, es sencillamente hermoso. Olvidemos por un momento el frío de la mañana y la noche, intentaré no mencionarlo, igualmente como les comenté en la publicación anterior, había tenido unas semanas felices e intensas con calor, en mi clima ideal del Caribe, antes del viaje a España el otoño pasado. 


Carmela Cosco (Italia)

Al abrir la ventana, lo primero que sientes es un aire fresco y limpio, libre de polución, de una calidad que incluso algunas pequeñas villas carecen. Aquella mañana fue soleada, de un brillo intenso. El punto de encuentro para darnos los buenos días y planificar las actividades con mucha cafeína, era la Tasca de Pili, un pequeño, acogedor, y cálido café familiar, atendido por su propietaria y hermanos, que se convirtió en mi oficina, refugio, y centro de operaciones aquellas semanas. Un lugar clave en mi propósito de conocer las historias y acercarme a los locales y visitantes. 

  Compartiendo la cena con a Hui-Ying Tsai (Taiwan), y Jonas Rubín (Dinamarca), en la Tasca de Pili 
                  
Tomados dos o tres cafés (expreso, con leche, y frió), a primera hora de la mañana seguía el camino hasta la bodega taller, donde el grupo de artistas trabajaba a diario desarrollando y preparando sus piezas, que luego trasladarían a la cima de la montaña con la ayuda de los voluntarios del pueblo. Me recibió Miguel Mallol, organizador del evento, quien me presentó al grupo de colaboradores locales, y algunos artistas que se encontraban  manos a la obra en el taller desde el amanecer. Pasé el día (y todos los siguientes con sus noches incluidas) conversando con ellos, escuchándolos, confirmando su profundo interés de que no fallara un solo detalle para que sus ideas se materializaran, y de esta manera conectarse con el entorno y  la gente, a través de sus obras.




La próxima semana, les contaré y presentaré a los personajes principales del documental, empezando por las mujeres, sin duda. 
   
Un abrazo grande,

Armando Bolaño


  

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