El principio, desde
Con a mis amigos argentinos Ana Fernández y Matías Rojo en el Parque Natural Sierra de Espadán, 2010
En
septiembre de 2016, cuando iniciamos conversaciones con los organizadores de la
residencia artística sobre la posibilidad de realizar un documental de la
experiencia creativa de los autores seleccionados en ese año,
yo me encontraba en Nueva York, ultimado los detalles para regresar a Colombia
luego de un exilio voluntario de más de dos años en Estados Unidos.
El inicio del otoño fue la señal y el momento perfecto para
regresar al Caribe, era necesario en ese momento, así que les pedí tiempo para
pensarlo, antes de confirmar y gestionar los recursos para la financiación del
proyecto.
Una vez en suelo colombiano, no tenía otra intención que disfrutar
de una larga temporada junto a mi familia, amigos, y retomar un par de
proyectos personales que requerían de trabajo presencial, y una
nueva mirada para echarlos a andar.
Aquellas primeras semanas en Colombia fueron intensas y felices. De
ningún modo deseaba estar, vivir y respirar el aire de otro lugar. En cuestión
de un par de horas podía desayunar en Cartagena de Indias, almorzar en Barranquilla, y
cenar Santa Marta, o simplemente quedarme en cualquiera de estas
ciudades (las tres son mi casa), así como volar a Bogotá o Medellín, dependiendo de la agenda.
Recibí un correo electrónico de la organización en España, pidiendo
urgentemente la confirmación de mi participación.
Gracias a Cayeye Films la financiación de la producción estaba
asegurada en tiempo récord. Contaba con recursos de la Fundación para el
desarrollo de un nuevo proyecto, en caso de que decidiera aceptar producir el documental.
“Solucionar” la postproducción (finalización de la película), la única observación en Cayeye. Acepté.
“Solucionar” la postproducción (finalización de la película), la única observación en Cayeye. Acepté.
Tomada la decisión, empezamos a trabajar, el tiempo era muy limitado. Establecí contacto con mis amigos en la Comunidad Valenciana, solicité información a los organizadores, revisé mis archivos, y en éstos encontré que la locación principal (también personaje) del proyecto, no era ajena, ni desconocida para mi, todo lo contrario.
Cuando viví en España (2009-2010), tuve una temporada de estudios en Valencia, y conté con la suerte de coincidir con un grupo de colegas provenientes de América Latina, y otros locales de la Comunidad Valenciana, unidos por el amor al cine.
Valencia, una ciudad mediana, de buen clima, frente al mar Mediterráneo, con una interesante oferta cultural, conectada con el resto de Europa por su impecable sistema de transporte (al menos en mi experiencia), fue nuestro centro de operaciones el verano-otoño de 2010.
Luego de semanas intensas de estudio trabajando en el desarrollo de nuestros proyectos, en paralelo a una activa vida social en torno a la agenda cultural local, visitas a instituciones oficiales, y una que otra invitación aceptada a los "Erasmus", los incansables rumberos que también estudian, trabajan, pero no duermen; dedicábamos los fines de semana a recorrer la región, guiados por nuestro amigo, el periodista valenciano, Xavier Latorre.
La primera estación era la casa de Xavier, en Castellón de la Plana; desde ahí se iniciaba el recorrido en el jeep del anfitrión, la exploración por los parajes públicos y secretos de la Comunidad. Visitamos, Villafamés, Morella, Villarreal, las montañas de la Sierra de Espadán y Peñagolosa, el puerto de Grao, el balneario de Benicasim, entre otros lugares cuyo nombre no recuerdo en este momento. Al regresar a Valencia los domingos en la noche luego de la travesía, quedaba con ganas de no parar, que el viaje durara por siempre.
Valencia, una ciudad mediana, de buen clima, frente al mar Mediterráneo, con una interesante oferta cultural, conectada con el resto de Europa por su impecable sistema de transporte (al menos en mi experiencia), fue nuestro centro de operaciones el verano-otoño de 2010.
Luego de semanas intensas de estudio trabajando en el desarrollo de nuestros proyectos, en paralelo a una activa vida social en torno a la agenda cultural local, visitas a instituciones oficiales, y una que otra invitación aceptada a los "Erasmus", los incansables rumberos que también estudian, trabajan, pero no duermen; dedicábamos los fines de semana a recorrer la región, guiados por nuestro amigo, el periodista valenciano, Xavier Latorre.
La primera estación era la casa de Xavier, en Castellón de la Plana; desde ahí se iniciaba el recorrido en el jeep del anfitrión, la exploración por los parajes públicos y secretos de la Comunidad. Visitamos, Villafamés, Morella, Villarreal, las montañas de la Sierra de Espadán y Peñagolosa, el puerto de Grao, el balneario de Benicasim, entre otros lugares cuyo nombre no recuerdo en este momento. Al regresar a Valencia los domingos en la noche luego de la travesía, quedaba con ganas de no parar, que el viaje durara por siempre.
La primera semana de noviembre de 2016, llegué Valencia con el fin de iniciar la aventura de realizar el documental, hoy titulado "Peregrinos en la montaña". Mi primera sensación al bajar del avión, que se convirtió en realidad, fue que volví a rodar la película que un grupo de amigos peregrinos prometimos filmar en tierras valencianas, antes de despedirnos cinco años atrás en ese mismo lugar, continuando con el viaje inacabado, intermitente, que aún no ha parado.
Un abrazo y hasta la próxima semana,
Armando Bolaño
Un abrazo y hasta la próxima semana,
Armando Bolaño



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